jueves, 9 de noviembre de 2017

Mi setenta cumpleaños


 

Este 6 de noviembre, cumplí setenta años. Muy buena fecha para reflexionar. Si miramos hacia adelante solo vislumbraremos los últimos años que nos quedan, los ataques achacosos propios de la vejez y la entrada en una nada inescrutable que –estoy casi seguro– culminará con la liberación de miríadas de trillones de átomos convertidos en células que, ahora, misteriosamente agrupas nadie sabe por quién ni por qué, conforman mi persona y mi personalidad.

Pero si volvemos la vista hacia atrás podremos ver claramente el camino recorrido con su invaluable riqueza en experiencias y en acciones. Para las acciones malas, que siempre las hay, es el tiempo en que comienzan a golpearnos la conciencia –por eso los tiranos sufren tanto en sus últimos momentos–; pero las acciones buenas acarician nuestro espíritu con satisfacción: la honradez, la sinceridad, la utilidad como virtud que tantos amigos nos permitieron conquistar, tantos amores inolvidables que complacer, tantas intenciones de justicia que sugerir, junto a una descendencia saludable y plena de integridad y decoro.

Cuando la luz del Cielo nos ha premiado con la virtud de poder escribir nuestras vivencias, entonces el alivio espiritual es más denso y la realidad de la muerte cercana es menos pesada. Al menos quedará nuestra huella por algunos años, quizás por algunas décadas. Porque hay algo que la parca no se puede llevar, y es el recuerdo nuestro en la memoria de los vivos.

Sin embargo, al margen de estas palabras metafísicas, un tanto melancólicas, quiero por este medio dar las gracias a todos aquellos que me felicitaron por mi cumpleaños setenta y hacerles llegar de vueltas mi compromiso a continuar en Facebook y en mi blog La furia de los vientos vertiendo criterios que solo serán granitos de arena, pero concisos y bien intencionados, para el futuro de la nación cubana.

Pedro Armando Junco

 

miércoles, 4 de octubre de 2017

El país de los geriátricos

Vigorosa campaña oficialista se ha llevado a cabo últimamente por los
medios de difusión sobre reuniones y conferencias de alto nivel sobre
el extraordinario envejecimiento de la sociedad y la exigua tasa de
natalidad en el país. El noticiero nacional se hace eco en la voz de
quienes cubren los eventos con notas informativas que hacen llegar al
televidente las razones por las que casi un cuarto de la población
cubana rebaza los sesenta años de vida y las féminas reducen la
procreación.
En la voz de estos periodistas no se hace esperar el razonamiento de
una de las principales razones: la esperanza de vida del cubano que
alcanza casi las ocho décadas de existencia. Y, por supuesto, el
cuidado de la salud "gratuito" y de "elevada calidad", que permite tan
alto índice para una comunidad del tercer mundo.
Por razones de capacidad en el artículo no se cuestiona si en realidad
la salud resulta gratuita al pueblo, ya que sobran razones para no
creerlo, como tampoco la calidad de nuestros centros y especialistas
del ramo que dejan tanto qué desear; ni hay espacio suficiente para
debatir por qué Cuba es hoy un país "tercermundista". Cada réplica
ofrece holgura a una triada de enunciados diferentes.
Lo importante ahora está en investigar por qué en Cuba solo van
quedando ancianos de retiro y las mujeres jóvenes no paren. Echemos un
vistazo a la otra cara de la moneda con que la prensa oficial presenta
este fenómeno.
Es cierto que los cubanos de hoy duran más sobre la tierra, al margen
de los que mueren asesinados o por accidentes, dos razones estas muy
acrecentadas a partir del triunfo revolucionario. Y es cierto también
que la medicina del país ha contenido múltiples enfermedades
infectocontagiosas por medio de la vacunación general desde el
nacimiento de un bebé y el seguimiento meticuloso en cada ciudadano.
Hoy el cáncer en muchas de sus facetas está siendo dominado con
eficacia por cirugías y quimioterapias modernas y los problemas
cardiovasculares roban menos vidas gracias a la intervención
quirúrgica, medicamentos más efectivos y aditamentos de última
generación como el marcapasos, el desfibrilador, etc. Pero lo que no
se puede obviar en este análisis es que la medicina moderna ha
evolucionado en todo el mundo de sesenta años acá, y hasta el país más
retrógrado cuenta hoy con el desarrollo médico de la ciencia. No se
puede anclar la medicina actual en los años cincuenta para compararla.
Pero lo que escapa al ojo miope del periodista oficial es la estampida
de millones de cubanos hacia cualquier sitio del mundo, por escurrirse
de un sistema monolítico que desconoce las aspiraciones individuales
de cada habitante. Y este sistema monolítico que basa sus lineamientos
en que "aquí nadie puede ser rico" –salvo sus dirigentes, claro– ha
obligado, sobre todo a la juventud que aspira a una vida mejor, a
marcharse de Cuba y soportar con estoicismo las penurias que todo
emigrante sufre por el vacío de la Patria con tal de poder
desarrollarse según el potencial de sus capacidades. No hay que ser
especialista en aritmética para entender que al marcharse los jóvenes,
el por ciento de ancianos aumenta y los nacimientos se reducen porque
los viejos no procrean.
Si a esto, que ya es mucho para entender el porqué de la crisis, se
añade la "liberalidad" del aborto en el país, ¿cuántos millones de
niños que pudieron nacer fueron asesinados por el escalpelo y la
cureta del médico en los salones de interrupción de los hospitales
cubanos?
Y como colofón a esta crisis, el proselitismo de la homosexualidad que
lleva a cabo en toda la Isla la hija ilustre del presidente Raúl
Castro, ayuda en gran medida a la falta de natalidad en la población.
Si, como muchos de ellos esperan para años futuros, la mitad del
pueblo de Cuba sea homosexual, se le dará el golpe de gracia a la
nación cubana, pues como es fácil entender, macho con macho y hembra
con hembra, no engendran.
Hay dos detalles muy curiosos que de cierta manera tienen que ver con
la longevidad de la ciudadanía: la escasa alimentación y el poco
trabajo. Quizás alguien piense que es una ironía; pero no, es cierto.
Y se ejemplifica con los anacoretas y sabios de la antigüedad que
apenas se alimentaban dentro de una cueva y duraban muchos años. La
abstinencia los mantenía muy delgados, pero saludables. A los flacos
–y hágase un estudio sobre los alcohólicos callejeros– no los ataca la
hipertensión, ni la gastritis, ni muchas otras sintomatologías que
acosan a los obesos y "bien comidos". Hay personas muy cercanas a los
noventa años que se mantienen libres de todas las enfermedades por
comer poco. Hasta el cáncer y la gota, según estudios especializados,
atacan con mayor frecuencia a los comedores de carne roja. ¡Pobres
nuestros ministros!
El otro detalle es que el pueblo de Cuba aprendió a no trabajar duro,
a no ejercitar los músculos en labores sofocantes, a permanecer detrás
de los burós, o como custodios, inspectores y policías. En este país
la mayoría poblacional vive del "invento". Y qué decir de los
"mueleros", que son los dirigentes inferiores que se la pasan en
reuniones proselitistas y por nada del mundo se agachan a sembrar un
boniato. Hablo también del cubano de a pie que descubrió hace tiempo
que lo engañan con la doble moneda, cuando le pagan con un peso que
vale cuatro centavos y en desquite no "pincha". Hace como que trabaja
de la misma forma a como el Estado hace como que le paga. Y la holgura
también es calidad de vida. De aquí se desprende otro fenómeno que
agobia al país: la miseria económica, porque como bien me dijo una
estudiante del pre: "El único sitio donde "éxito" va delante de
"trabajo" es en el diccionario".
Por eso, no importa lo que pretendan hacer creer al pueblo ingenuo por
los medios informativos afines al Gobierno, el envejecimiento
poblacional de Cuba y el índice de natalidad en vertiginosa picada,
lejos de ser una ocurrencia casual de la sociedad, se debe a los
errores administrativos y políticos de un sistema incompetente que,
tarde o temprano, se difuminará si no realiza cambios profundos e
inteligentes.

Pedro Armando Junco

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Confesiones eróticas de la tía Nora en Amazon

A todos los amigos de mi blog les anuncio, mediante la presentación crítica de la licenciada Dulce María Basulto Martínez, la publicación de mi última novela. Para aquellos que radican en el exterior y tienen acceso a Amazon, les aviso que ya está a la venta a nivel intenacional por Internet. Saludos cordiales y a continuación la valoración crítica de una de las pocas personas que en Cuba la han leído.
En Confesiones eróticas de la tía Nora la narrativa se desliza sobre una cascada transparente de ironías y buen humor. El relato logra en los flashazos de sus sentencias la simpática simbiosis de lo indiscutible con la parábola: “Más aprende el púgil por los golpes que recibe que por los consejos de su entrenador”. La belleza y el buen gusto de la obra son capaces de cautivar desde el primer capítulo, porque nos presenta a la sociedad cubana a partir de la tercera década del siglo XX hasta más acá de los años ochenta, sin dejar de ser contemporánea. Para quienes hayan vivido los años anteriores a la Revolución de 1959 resultará agradable recordar sitios, costumbres y ambiente social de la época; para los más jóvenes representará un campo de conocimiento y comparación con la vida actual. En esta novela, conformada por veintiséis capítulos, aparecen hechos históricos poco conocidos (el robo del diamante del capitolio, por citar solo uno) junto a una variedad de sentencias filosóficas de factura original, enmarcadas siempre en el más sutil y refrescante escenario: “Un marido bruto es un mulo de carga que a menudo patea, pero resuelve; una mujer bruta es un saco de papas podridas en el mostrador de un bodeguero”. Confesiones eróticas de la tía Nora está dedicada a la mujer cubana. Es todo un monumento a su liberalidad, a su evolución intuitiva hacia la independencia conyugal, sin obviar el pequeño margen que se le observa para con las damas virtuosas paralelas a la protagonista (su hermana, su hija). El amor hacia el sexo femenino en el autor es tan intenso, tan erótico, tan desproporcionado, que a veces acude a la broma para reír con ello: “El arte de la mentira perfecta es exclusivo de la mujer casada”. Este libro, sustraído de la vida real de una mujer muy bella, es el caldo de cultivo en el que el prosista depositó su cúmulo de experiencias, estudiadas a lo largo de los años en diferentes féminas y que ahora nos regala con la sencillez jocosa de su carácter: “La batalla del tiempo es definitoria cuando se persevera; es la que dice la última palabra”. O esta otra basada también en el pragmatismo de la existencia: “Cuando te sientas encumbrado mira siempre hacia abajo, para que calcules bien la altura desde donde puedes caer”. Pienso que el mensaje más importante de esta novedosa obra literaria de Pedro Armando Junco es la invitación a VIVIR; así con mayúsculas. Es la exhortación a disfrutar la existencia a plenitud, siempre preparados para los grandes golpes que con los años nos depara la vida. El ejemplo de la tía Nora está claro y conciso también en otro de sus grandes pronunciamientos: No importa el vehículo en que te introduzcan después de extinto bajo tierra, tu futuro es idéntico.
 Dulce María Basulto Martínez Licenciada en Lengua Materna

martes, 29 de agosto de 2017

De regreso a mi selva

Luego de otro mes en Miami he retornado a mi país de origen: mi dulce Cuba, como diría la poetiza desterrada. He dejado allá un tesoro de amor tan vasto y colorido solo comparable con la ternura de mis hijas y mis nietos. ¿Quién osa decir que aquellos que se marcharon alguna vez se olvidaron de nosotros? ¿Quién puede atreverse a calificar a los cubanos de ultramar como apátridas y malvados? Aquellos que viven pasada la frontera del mar cargan en lo más tierno del espíritu la herida de la nostalgia patria, la añoranza por la tierra que los vio nacer, la ternura desinteresada para los que permanecemos en la Isla. ¡Convénzase el mundo de que la nación cubana es una sola: monolítica como el pueblo judío! Peca contra la cubanidad todo aquel que pretenda separarnos por la geografía o por la manera de pensar. Y he allí la razón por la que debemos trabajar: porque nunca se fraccione nuestra cultura, nuestra idiosincrasia, nuestras creencias y nuestro amor filial. Traigo el pecho ahíto de esperanzas. Si medio siglo de ausencia y separación no ha podido romper los sagrados lazos de la familia y las amistades verdaderas, será muy difícil que esta segregación se prolongue. Saludo desde aquí a esa cordillera de primos selectos –imposibles de enumerar porque son muchos– que me acogieron con tanto regocijo; a esa montaña de amigos incondicionales que sonreían de felicidad al abrazarme, a ese promontorio de intelectuales con quienes compartí momentos inolvidables, personalmente o mediante Facebook. A todos mi insondable cariño y agradecimiento. Y mi reiteración de la esperanza de que muy pronto, entre Cuba y Miami se tienda el puente –no el puente virtual que muchos suponen, sino el literal y posible– que fracture el muro de agua del Estrecho y difumine la añoranza.

lunes, 12 de junio de 2017

Robándose la corona

Tomado del sitio “Cubanos por el mundo” Hace poco alguien afirmó que Cuba es un calidoscopio de contradicciones, que de un cubano de la Isla puede esperarse el mayor exabrupto y la menos imaginada de las sorpresas. También aseguró que en este país la lógica no existe, sino que impera lo paradójico y lo absurdo, tanto en quienes dirigen la nación como en el último de sus ciudadanos. Esto hace pensar en aquella pintura surrealista del hombre que carga su cabeza, con bombín y todo, entre las manos sobre el pecho. Y aquel discurso del amigo presentó credenciales el 17 de mayo, día de sendas celebraciones en el país. Día del campesinado y Día de las lesbianas y los maricas. Y mire usted si lo antes dicho es cierto que son precisamente los campesinos la clase más homofóbica de nuestra sociedad. Hablarle a un campesino de mariconadas es peor que mencionarle a su madre, porque en el gremio de los trabajadores agrícolas es donde más abundan los heterosexuales. Y desde antes del triunfo de la Revolución conmemoran la fecha en homenaje al mártir agrario Niceto Pérez. Pero resultó que el día internacional de los gay coincide en el calendario con la muy difundida fiesta de la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños) y nada menos que Mariela Castro Espín, la pequeña vástago del actual presidente de Cuba, ha tomado de la mano a los homosexuales y los exhibe por toda la Isla en multitudinarios mítines y presentaciones, dando un marcha atrás tan rotundo a las ideas de su tío Fidel, que nos deja con la boca abierta. Y no es que exista algo en contra de las inclinaciones sexuales de cada individuo. Todo lo contrario. Porque hay que recordar siempre que los campos de las UMAP construidos para castigar a los maricas, a los religiosos y a los desafectos en 1965, permanecerán como mancha indeleble en la historia de la Revolución cubana. Fue algo sórdido, terrible, solo comparable con las medidas de Hitler y de Stalin. Como tampoco la historia olvidará las deportaciones masivas de 1980 por Mariel, cuando recogían a los homosexuales hasta en sus casas y los llevaban al puerto y los embutían en cualquier barco que viniera a buscar familiares. Todo ese excremento histórico es cierto y lo deploramos. Pero, ¿por qué ahora hasta las escuelas primarias serán objeto de clases anti homofóbicas? ¿Qué tienen que aprender de educación sexual los niños en la escuela primaria? Solo falta que abran, paralelamente, novedosos cursos para jineteras y gigolós –magnético atrayente de visitantes foráneos– con vistas a aumentar el arribo de más turistas a Cuba o, disimuladamente, para mejorar el color de nuestra raza humana con sementales blancos. Por eso, tampoco es para extrañarse cuando el día 17 de mayo, un sujeto joven, en camiseta y short penetró en la catedral de la ciudad de Camagüey a media mañana con una mochila a cuestas y unas herramientas en las manos. La Catedral permanecía abierta como casi siempre y no tenía personal en la sacristía. Aquel sujeto subió hasta el altar de tres metros de altura donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de la Caridad, destornilló y retiró la corona de su cabeza y la echó en su bolso con naturalidad increíble. Por fortuna la asistente de limpieza del templo descubrió el robo y dio la alarma; el ladrón salió corriendo, pero al cruzar la calle impactó con un vehículo que pasaba y fue lanzado al pavimento. Aún así pretendió escapar, pero a los gritos de auxilio de la moza de limpieza, la población se encargó de capturarlo. La catedral camagüeyana está a la izquierda del parque Agramonte, en el mismo centro del Casco Histórico de la ciudad. Es un lugar tan céntrico y vinculado al público que siempre hay en sus alrededores gran cantidad de personas. Por lo que es completamente absurdo llevar a cabo un hurto exitoso en ese lugar a esa hora de la mañana. Además, según ha declarado el sacerdote del templo, la corona de la virgen no es de oro, ni de plata, ni siquiera de bronce, sino de una hojalata sencilla, cuyo valor cambiario es prácticamente nulo. Por ocurrencias tan insensatas como estas y muchísimas otras que no caben en el contenido de un solo artículo, hay que aplaudir la tesis de quien afirma que Cuba es un calidoscopio de contradicciones. Pedro Armando Junco

jueves, 25 de mayo de 2017

La pulga

Tomado del sitio "Cubanos por el mundo"


Este era un científico que realizaba experimentos con una pulga. Le
ordenó a la pulga:
– ¡Salta, pulga, salta!
Y la pulga salto un metro. Le quitó una pata y repitió lo mismo: la
pulga saltó solo medio metro. Así fue quitando zancas a la pulga que
cada vez saltaba menos, hasta que el insecto se quedó sin patas. Todo
lo iba anotando en su libreta como corresponde a un hombre de talento
extraordinario. Cuando la pulga ya no tenía patas, le ordenó que
saltara, pero esta vez no saltó. Entonces anotó muy convencido:
–Pulga sin patas, sorda.

¡Vaya moraleja! Así se desarrollan las cosas en Cuba. Quienes dirigen
el país son los científicos del desarrollo económico. El pueblo, la
pulga que obedece. Hay que saltar aunque ya no queden patas para el
impulso, mientras los dirigentes continúan empecinados en hacer creer
la infalibilidad de todo lo que conciben como lo correcto, aunque los
avances retrocedan y lleguen hasta el inmovilismo.
La gran verdad de este chiste negro no está precisamente en la sordera
poblacional ante el repetitivo llamado de un alto funcionario desde un
salón con aire acondicionado a que "hay que producir más, trabajar
más, duplicar las producciones…", –como si con la lengua se sembrara
el boniato– sino en la ineptitud de aquellos que creen saberlo todo y
arrancan, una tras otra, las pocas patas que le quedan al pueblo para
saltar. Hasta al definitivo posible salto –el más largo y deseado por
una gran masa poblacional de Cuba– Obama le cercenó la pata.
Sin embargo, continuamos viviendo. Claro que en la miseria de las
limitaciones, sobre todo alimentaria y salarial. Sobrevivimos al
límite, parecido a los sirios, a los iraquíes y a los libios, con la
única atenuante de que en Cuba no sufrimos guerra. Por fortuna, las
patas de las armas de fuego de la pulga quedaron extirpadas desde
1959. Pobre de los venezolanos donde las armas de fuego están en manos
de los "malandros" y el ejército.
En esta Cuba nuestra la población sub vive al elevado costo de los
alimentos que, en línea diametral, al otro extremo contrasta con los
míseros salarios estatales. La población escapa hacia el
"cuentapropismo" porque es la vía expedita menos ilícita para superar
la crisis monetaria sin tomar en cuenta que todo el que pase a ese
gremio se convierte en otro más de los explotadores del mismo pueblo
al que pertenece, en franca competencia con la expoliación estatal de
las shopping. Más de medio millón de nacionales ha pasado a trabajar
por cuenta propia y se bate en negocios muchas veces turbios,
evadiendo el ojo siempre omnipresente del Estado. Paradójicamente, se
le facilita una patente de trabajo individual, para luego acosarlo
mediante un gigantesco cuerpo de inspectores –muchas veces corrupto–
que extorsiona a cambio de dinero o mercancía, pero que al final se
convierte en cómplice de las ilegalidades. Es la antropofagia de unos
contra otros.
En las ofertas de trabajo estatal ya nadie averigua por un empleo
según el salario, sino por alguna "pinchita" en la que haya "busca".
Los trabajadores de servicios en restaurantes, bodegas, merenderos y
otras vertientes en general ganan poco más de doscientos cincuenta
pesos mensuales, lo que equivale a menos de once CUC (o dólares); o
sea, cuarenta centavos diarios en moneda fuerte, como en los lejanos
tiempos del machadato. Entonces se ven obligados a "luchar la busca".
Lo peor es que esta lucha es contra la población de a pie, a la que
ellos mismos pertenecen. El panadero elabora el pan más pequeño para
sustraer la harina con que luego fabricará unos suyos y los venderá a
sobreprecio en la calle; el bodeguero, oncitas a oncitas de azúcar, de
arroz, de picadillo o mortadela, escamotea sus libras para el hogar.
Los empleados de las shopping tienen su "gente" para que, cuando haya
rebajas de mercancías, las acaparen sus cómplices y luego las revendan
en la calle a sobre precio.
Los más débiles, aquellos que por alguna razón de miedo o de
honestidad no hayan caído en los brazos de la rapiña al prójimo,
terminan en la calle como alcohólicos o tanqueros. Los primeros
durmiendo en los portales y los parques, a merced del destino, y los
segundos buceando dentro de los contenedores de basura en busca de
algún pomo plástico que luego puedan lavar y vender a otro necesitado
o reuniendo latitas desechables de cerveza que dejan los más
pudientes, para luego llevarlas a centros de recuperación de materias
primas y liquidarlas por unos centavos.
En contraposición a estas miserias, se han otorgado patentes a
cuidadores de baños en terminales y otros sitios públicos, que cobran,
inmisericordes, un peso al necesitado de vaciar su vejiga; estos
"privilegiados" cuentapropistas regresan a su casa con más dinero
recaudado en un día, que un médico especialista durante un mes de
trabajo. Otro empleo lucrativo por el estilo es el de los parqueadores
de bicicletas y motos en centros públicos.
Si tomo como referencia a Camagüey por ser donde vivo, los que arman
el muñeco de la economía se olvidan de reparar las calles en pésimo
estado, cierran las principales vías con el más elemental pretexto,
eliminan sitios de aparcamiento para carros y complican cada vez más
el tráfico dentro de la ciudad por la carencia de semáforos y policías
de tráfico. Hasta parece que lo ordenan para incomodar a la población
y darle a conocer que son ellos los que mandan. Esto ha traído como
resultado una de las más peligrosas indisciplinas sociales: circular
sin distinción contra el tráfico establecido como si se tratara de una
barriada rural. Esta metrópoli con más de trescientos mil habitantes,
la tercera ciudad del país, solo cuenta con cuatro semáforos; tres de
ellos en la carretera central para que el viajero que cruza perciba
una mayor imagen en el desarrollo vial.
Así es Cuba hoy: el espejo triste del cuento de la pulga. Nuestros
científicos económicos se reúnen. Solo aquí en la carismática Ciudad
de los tinajones se han habilitado muchos sitios para estos
menesteres. Basta cruzar cerca de uno de ellos y pueden observarse
decenas de vehículos nuevos aparcados, a sus decenas de choferes a la
sombra matando el tiempo en conversaciones banales, en espera de que
sus importantes jefes culminen las discusiones del evento al que
fueron convocados. Dentro del salón, que puede ser un teatro exclusivo
o un centro de convenciones reservado para estos oficios, bajo aire
acondicionado central y butacones forrados de damasco, decenas de
estos expertos de gruesas agendas se reclinan y discuten cómo será
posible hacer saltar a la pulga sin patas. Luego de varias horas de
debate llegan al consenso final. Todos levantan la mano y aprueban,
por unanimidad. No hay abstenciones ni nadie vota en contra. Luego los
aplausos. El acuerdo es obvio: la pulga no responde a la orden de
saltar sin patas, porque la pulga es sorda.

Pedro Armando Junco

martes, 16 de mayo de 2017

Segundo aniversario de la muerte de Mandy

Hoy es un día de luto en mi corazón. Se cumplen dos años del asesinato
de mi hijo. Se equivocan los que creen que golpes como este son
aliviados por el tiempo; al contrario, se agudizan. Cuando observamos
los hechos desde la distancia de dos años, todavía aguardamos la
esperanza de despertar de una pesadilla.
De poco sirvió que los vándalos fuesen capturados y condenados
severamente. Nada de eso equilibra o disminuye el vacío de la ausencia
eterna de mi hijo. Sus asesinos respiran todavía, aunque sea en la
cárcel. Tampoco habría aliviado mi dolor que hubiesen pagado con sus
vidas. Mandy nunca más volverá a existir.
Mi pregunta sigue siendo: ¿por qué? Y me acribillan una multitud de
respuestas. ¿El destino? No creo en el destino. ¿La casualidad? Quizás
haya sido la casualidad. ¿El mal manejo de la sociedad secretista en
que vivimos, que oculta las cosas malas que suceden y cuyas
consecuencias traen resultados como este? Sí. Esa es una de las
grandes razones. Si el caminante va ciego hacia el abismo se
multiplican las posibilidades de caer al precipicio. Mucho le advertí
a mi hijo el peligro de la calle en las altas horas de la noche y
nunca me creyó, porque estaba totalmente desinformado.
La otra gran razón la he venido exponiendo desde la vez de la
tragedia: esas leyes dulces para los criminales, que hasta los incitan
a la fechoría; la cantidad de prebendas que se ofrecen en las
prisiones y las prerrogativas de disminuciones carcelarias. Los presos
comunes tienen garantizada la alimentación, la atención médica y hasta
lo recreativo del deporte y los deleites culturales. Incluso, algunos
alcanzan carreras universitarias.
Hoy, a pesar de la tristeza que me envuelve, deseo enviar un mensaje
de agradecimiento a todas aquellas personas que se han solidarizado
conmigo desde hace dos años acá. Un mensaje de afecto. Un mensaje de
amor y de empatía. Porque a cada persona, tarde o temprano, la vida le
cobra con dolor el hecho de permanecer sobre la tierra. Hoy he pensado
que el derecho a vivir implica una lucha tenaz con los fenómenos menos
esperados y los obstáculos más crueles que acechan, imprevisibles, en
el corredor de la existencia.

Pedro Armando Junco